Una de las primeras decisiones que un trabajador por cuenta propia debe tomar es decidir si va a trabajar desde su propia casa, si va a alquilar (o comprar) un local o una oficina, o si apuesta por una fórmula mixta como un espacio coworking.

Para tratar de contener los costes al máximo, son muchos los autónomos que apuestan en un primer momento por establecer domicilio fiscal en su propia casa. Cuando esa decisión se traduce en un simple lugar de notificación (donde se reciben las cartas y otros avisos), el efecto es menor. Pero cuando la vivienda se va a convertir también en el lugar de trabajo, hay que tener en cuenta una serie de ventajas y peligros que acarrea la decisión.

Costes adicionales

De hecho, no siempre es la decisión más adecuada, como señalan desde el blog ‘BBVA con tu empresa’, incluso aunque puedan tener diseñado un espacio a tal efecto. El primer aspecto que hay que tener en cuenta es que, aunque parezca lo contrario, trabajar desde casa sí que supone un gasto adicional: hay que tener en cuenta el gasto en luz y climatización, el acceso a Internet, los equipos de trabajo…

Hasta ahora, la Agencia Tributaria no permite deducirse la parte correspondiente del consumo que corresponda a la actividad profesional. Pese a que existen algunas sentencias favorables a los autónomos que trabajan desde casa, para lograrlo es necesario llegar a los tribunales, con el coste y el esfuerzo que eso representa. Una situación que provoca que muchos trabajadores directamente renuncien y no incluyan en su declaración dichos gastos.

En el caso de profesionales que tengan que reunirse con clientes con cierta frecuencia, hay que tener en cuenta que trabajar desde casa puede suponer una dificultad, o una pérdida de tiempo si siempre hay que desplazarse a su empresa.

Productividad

Un último coste que no siempre se tiene en cuenta es el relativo a la productividad del trabajador. Por un lado, porque la flexibilidad de horarios produce que a veces el trabajo se desarrolle a horas menos productivas. Y por otro, porque se dispara el número de interrupciones: tanto las relacionadas con la procastinación, como las provocadas por la familia, compañeros de piso, o con quién quiera que se viva.

“En ocasiones se da por bueno ese tiempo perdido o esa baja productividad, ya que se compensa con no tener que desplazarse al centro de trabajo”, apuntan desde el blog de BBVA, que recomiendan calcular dicho tiempo.

© elEconomista.es Imagen de Getty

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